jueves, diciembre 18, 2003

Entra a engrosar las listas de mis blogs linkeados Santiago Duque: Amigo, músico, dibujante extraordinaire y compañero de trincheras en la guerra de la palabra en Usaquén.

"Un corte normal, por favor..."
Se me ocurren unas estupideces de vez en cuando...

Me miro al espejo y no me hallo. Me pongo mis gafas de marco grueso negro a lo Elvis Costello y tampoco me hallo. Me siento ligerísimamente estúpido y bastante incompleto. Siento la voz de ella gritándome: "¿USTED QUÉ PUTAS FUE LO QUE SE HIZO?" y luego me la imagino echada en uno de sus sofás ahogándose de la risa. Sonrio y dejo escapar una risita de lo más pendeja. La veo a ella preparando un tinto en la cocina y me veo robando un cigarrillo mentolado de la caja que yace sobre la mesita de centro.

"¿Y qué tan corto lo desea?"
"Un corte normal. No muy corto, no muy largo. ¿Le molesta si no le sigo la conversación? No me siento bien."

El agua está helada. Me resbala por la nuca, entre los omoplatos y llega hasta el cóxis. El jabón y el champú no me dejan ver nada. Igual, no hay mucho que ver. Me he visto desnudo millares de veces y sé que, si no puedo ver nada, no me estoy perdiendo de un espectáculo de la naturaleza. El agua empieza a hacerse más tibia hasta que cae hirviendo y el vapor se mete a mis pulmones. Pienso. No quiero, pero el sonido del agua cayendo tiene algo de reflexión. Pienso. Un ejército de pelitos se precipita con ánimo suicida al sifón de la ducha.

"¿Y esa cara? ¿Es que se estaba dejando crecer el pelo o qué?"
"No, no es eso... no muy corto al frente, por favor."

"No es tan grave", me repito a mí mismo. Y es verdad: no es tan grave. Nunca nada es tan grave. Lo que pasa es que todo tiende a exagerarse y a distorsionarse, especialmente cuando se es ligeramente paranóico. "Es cuestión de tiempo. Paciencia, paciencia...". Me sentí como el soldado que pierde ambas piernas en una mina antipersonal, el mismo soldado que escucha "Tranquilo, vas a estar bien." de una boca desfigurada por el miedo y por el asco.

"Vieja malparida."
"¿perdón?"
"Gracias. ¿Cuánto le debo?"

Se me ocurren unas estupideces de vez en cuando...
Siempre se me ocurren después,
Cuando ya no hay nada que hacer.

"¿Cómo quedé?"
"Te ves bien."
"Gracias, mamá..."

Y otra vez tengo que esperar... gracias a Dios tengo un libro de poemas de Lorca,
media caja de cigarrillos
un gustillo a canela y a piel en la boca,
una bufanda,
un precio sobre mi cabeza
y la tranquila certeza de no poder leer el futuro en las cartas,
sobre todo en las que no he escrito
y que ya no sé si alguien vaya a leer.

"Me siento tonto. Me veo como un idiota"
"Freco. Es cuestión de tiempo. El pelo crece"
"No es tan grave, ¿verdad?"
"Nunca nada es tan grave..."


lunes, diciembre 15, 2003

Quiero esperar un tiempo prudencial antes de escribir lo que pienso sobre la captura de Saddam Hussein. Voy a esperar un poco para poder demostrar una teoría que se me acaba de ocurrir.

Por ahora, voy a hablar de tres cosas:

La primera es un poco íntima y me da algo de pena abordarla. Tranquilos: no se trata de las partes rosadas o de las oquedades de mi cuerpo.

Se trata de mi primer amor. Mejor aún: mi primer idilio con lo inalcanzable.

Basta con mirar a la gente a los ojos para saber que aún sueñan. Nunca te miran a la cara para que no les saques los sueños con la mirada y no quieres que te miren a los ojos para que no te saquen los sueños de la cabeza y se los muestren a todo el mundo y se rian de tí.

Los sueños a veces son como los calzoncillos o los pantys: no se los muestras a todo el mundo, los archivas en algún lugar oscuro y muchas veces están manchados, descoloridos o rotos.

Me siento sistemáticamente en el mismo café de siempre para escribir o dibujar o leer o sencillamente mirar las piernas de una, las nalgas de otra, los senos de esta o el rostro perfecto de aquella... y un recuerdo inoportuno me asalta. Los mecanismos que nos obligan a recordar no siempre están afuera. Resulta bonito leer en algún relato cómo el personaje es transportado a su pasado por un perfume, por una canción, por el sabor del tinto. Asociaciones libres que siempre se prestan para metáforas. Se prestan o se venden. Mejor aún: se prostituyen en manos de un proxeneta licenciado como Coelho, como Cuahutemoc Sánchez (autor de Juventud en Éxtasis), como Andrés Caicedo (le duela al que le duela) . Pero muchas veces los recuerdos se activan por mecanismos mentales que cada quién adopta y adapta para vivir...

Desde que mis hormonas empezaron a hacer estragos, yo tengo una ruleta en mi cabeza. Es como un banco de datos que alberga una colección de piernas, caderas, cinturas, ombligos, senos, brazos, clavículas, cuellos, rostros, ojos, bocas y una paleta de colores para modificar la tonalidad de cada parte del cuerpo a mi antojo. Armo mujeres con pedazos de otras mujeres en mi cabeza.

(Lo que para mí es algo comparable a lo que hacía el doctor Victor Frankenstein, me imagino que para ustedes es la misma güevonada que uno hacía para las carteleras en quinto de primaria: revista Semana, revista Carrousel, cartulina rosada, marcador Pelikan anaranjado, marcador Pelikan verde, tijeras de punta redonda en forma de conejito o de oso panda, Colbón y escarcha. Pero a mí me resulta más práctico andar con esta ruleta en mi cabeza en vez de andar con cuareta y ocho revistas (desde Barely Legal y Penthouse hasta Vanidades y Marie Claire, pasando por Semana y Tú), tijeras de punta redonda en forma de conejito o de osito panda -mis papás no me dejan cojer las de punta aguda... no confían en mi salud mental- cartulina rosada, colbón y escarcha para armar un prospecto de la mujer ideal.)

Una de tantas combinaciones resultó recordándome a mi primer amor, mi primer idilio con aquello que está hecho de polvo de estrellas y el gas de los anillos de Saturno.

La gente sueña, yo sueño... a veces, con ella.

Afortunadamente los recuerdos no son dinámicos. Son fotos acompañadas de un mapa sensorial. Por eso hablo de ella en presente y no en pasado. No sé si aún existe o si alguien la conoce, pero para mí la foto es la contemplación en el presente de aquello que existió como trásfuga en el camino del tiempo.

Tiene el cabello castaño cenizo, largo hasta la cintura. Un capul algo geométrico, como el de Twiggy, la modelo británica de mediados de los 60's. Sus ojos son asombrosamente grandes y quieres que te mire para que saque todos tus sueños de tu cabeza... porque ella es tu sueño y quieres que vea cuánto significa ella para tí. Su piel es espectralmente blanca, o así la recuerdo. Una boca pequeña y una sonrisa vital, contagiosa. Tiene un enterizo apretado, blanco y rojo. Bajo su brazo, un casco parecido al de un motociclista y en el casco brilla una letra griega: Gamma

Mi primer amor es Mizuki Hotaru, la piloto del robot Gamma de ArBegas, una serie animada japonesa de comienzos de los 80. Hace poco volví a soñar con ella y se me vino encima toda la nostalgia de haber tenido 6 años y de tener 22 ahora. Pero los fantasmas siempre anuncian que el amanecer está por llegar (menos en Hamlet... aunque creo que Shakespeare nunca vio a un fantasma en su vida).


Segundo...

Algo para que escuchen. Uno de mis grupos favoritos.Lycia, proyecto de Mike VanPortfleet (en colaboración con muchos otros músicos) que nació en Tempe, Arizona. Es una banda con un sonido único, potente y nostálgico a la vez.

Tercero y último:

¿Cuál será la nueva aberración musical del próximo año? ¿Más reggaetón? ¿Más champeta? ¿alguna bizarra fusión entre música andina y ritmos antillanos? ¿o canciones de Django remezcladas por La Factoría?

Cada año es peor. A mí no me molestan las boybands o las "divas" del pop (ni me molesto en escucharlas... ¿para qué las critico?), no me importa si Ricky Martin o Enrique Iglesias o Juanes o Shakira siguen vigentes, casi no me gusta el funk latino y/o hecho por latinos (si es que se le puede llamar así a esa mierda), ni el reggae. Vicentico está aberrantemente gordo y cada día se parece más a Robert Smith, el vocalista de The Cure (y me duele admitirlo porque amo esa banda... hasta "the 13" y ya, lo demás es chicle musical), Los Prisioneros están putamente viejos y lo último que necesitamos son músicos de protesta. Como les dije antes, a mí no me disgusta tanto el vallenato como la gente que los escucha hasta para estudiar. El hip-hop me desagrada (no tengo mucho en contra de los raperos... pero ese hijueputa sonsonetico me da dolor de cabeza y churrias, sin mencionar las letras con rima coja e intenciones sociópatas), no me gusta Ni Charly, ni Fito, ni Spinetta ni nada que tenga que ver remotamente con esa gente (sencillamente no me gusta... no lo puedo justificar... es como el hígado: ¡no me gusta y ya!)

No soy muy tolerante ni muy abierto musicalmente, pero no albergo odios viscerales...

Pero cada año es un reto a mi resistencia. Cada día buscan una manera más ramplona y chabacana para hacer que la gente mueva el culo. Cada día se inventan una porquería peor que la otra para tratar de mantener a la gente entretenida. Se nota que los productores musicales casi no leen a McLuhan, a Deleuze y Guattari o al menos las entrevistas de Zappa. Ya no se trata de acaparar a una multitud, sino de segmentar las audiencias.

En unos días, mi opinión sobre la captura de Saddam Hussein.

...si es que a alguien le importa

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