sábado, diciembre 27, 2003

Acabo de leer los comentarios de David Linares. Mi respuestá está ahí, en los comentarios. Quien quiera leer, que lea. Así es el ocio: aviva pasiones estúpidas.

Por otro lado, fue delicioso redescubrir a alguien que tenía olvidado.

Siempre que escucho Bauhaus siento nostalgia. No puedo evitarlo: es una de esas bandas que están asociadas con los mejores recuerdos de mi vida (gastronómicos, sexuales, sociales...). Cada vez que escucho "Who killed Mr. Moonlight?" o "Third Uncle" o "Silent Hedges" siento que todos los momentos dulces de mi vida convergen en un vórtice espacio/temporal. Cuando escucho "Antonin Artaud", "The Passion of Lovers" y "She's in Parties" la vida se presenta como una realidad que compende todas las realidades.

No soporto virtuosismos. La música debe encerrar la posibilidad del error, ser frágil y errática, de naturaleza volátil.

Esta navidad, me prestaron un disco de Daniel Ash, el guitarrista de Bauhaus en solitario, y tuve la oportunidad de volver en el tiempo. Hay alguien a quien extraño a veces y que, hace muchos años, no veo. Estaba en la casa de ella y los dos estábamos sentados al lado de la cama. Yo me ahogaba en su pelo rubio, en su boca roja y me dedicaba a contar las pecas de su cara (fue mi primer contacto con las nínfulas) . De fondo, sonaba una versión de "Day Tripper" hecha por Daniel Ash. Afuera llovía.

De eso, hace años...

La memoria colecciona recuerdos con la lánguida resignación de un oficinista que mete carpetas en los archivadores como un autómata. Me falta muchísimo para empezar a vivir de mis recuerdos. Alguien dijo que la vejez venía con la sordera y la ceguera para permitirnos vivir de nuestro pasado y ahorrarnos decepciones. Daniel Ash trajo un eco vago de esa nostalgia. He sido feliz y he tenido una banda sonora insuperable. La vida sigue y vivo para ver atardeceres. Alguien me dijo que paciencia no es esperar. No voy a esperar nada de nadie. Quiero un algo de alguien, pero no me voy a quedar sentado esperándolo con la dejadez casi senil del campesino que espera a que llueva para salvar su cosecha.

En la silla donde estuve esperando dejé mi gabardina.
Aún huele a la colonia que uso y a los cigarrillos que fumo.
De hecho, encima de la silla, dejé media caja de cigarrillos,
una chocolatina, una página de un libro de poemas de García Lorca,
y una carta de amor que no pude entregar personalmente.

Salí a caminar y Bogotá olía a atardecer, a mugre y a cemento sellado por el smog.
La gente caminaba, cada persona trazaba la línea que iba a seguir con los ojos clavados en el asfalto. Llovía, la gente era una procesión de cuervos que se amparaban bajo las ramas de una sombrilla.

Alguien mira desde una ventana.
Fuma con el brazo apoyado en el quicio,
se protege del frío con una gabardina a manera de capa
y bota las colillas a la gente que camina.
Grita improperios de toda clase,
escupe pedazos de chocolatina al vociferar
y se limpia la cara con una página amarillenta.

"And maybe that's the reason
why I'm feeling so blue
And maybe that's the reason
I can't get closer to you"


Huelo a lluvia y a ciudad. Pido un tinto y dejo que unas cuantas gotas caigan en él. Un tinto con lluvia y con Luna, oscuro y sin azúcar. El humo transporta una canción de Daniel Ash hasta la otra mesa.

En una silla, el amor pide un precio por mi cabeza
y me llama "¡cobarde!".
me recuerda que no puedo volver,
que las fotografías son estáticas
que el pelo se demora en crecer.
Me pide que entienda,
que las cosas no van a ser iguales,
que perdí muchos privilegios por imprudente,
que dejé pasar mucho tiempo.
El amor hablaba con la voz de una anciana beata.

Si estuviera al lado de esa silla, le quemaría un ojo. Es ciego, ¿no? No creo que se pierda mucho.

Pero estoy en un café, volviendo a empezar un libro que había dejado a la mitad,
reanudando una conversación que dejé a la mitad,
terminando un cuento que había dejado inconcluso
en una servilleta.

Tengo cosas por hacer.
Antes de salir, saqué dos maletas:
en una meto todas las frases de amor que aún no he dicho
y todas las cartas que nunca entregué
y todos los besos inconclusos
y todas las caricias imaginarias
y todos los orgasmos futuros
y las colillas de todos los cigarrillos que todavía no he fumado en una cama.
Esa maleta la metí en un cajón lleno de frases (de cajón).

En la otra maleta llevo un libro de Camus,
mis lápices y un cuaderno de apuntes.
Cómics, por si me aburro
y una navaja
para trazarme una línea de la vida
otra de la fortuna
y otra del amor
en ambas manos.

Cerré la puerta y el amor siguió insultándome, amenazándome... lloriqueaba de vez en cuando. Pero no se podía parar de la silla.

No pueden culparme de cínico. Le dejé una chocolatina y cigarrillos... es más: le dejé la gabardina que compré el 11 de Septiembre en Boston.

¿El amor? El amor es un viejito senil que guarda en su billetera fotos de cuando era un Cupido sonrosado y rubio.

El amor puede esperar...
La vida no.

lunes, diciembre 22, 2003

No sé qué escribir.
Mejor aún: no se qué quiero que lean.
Desafortunadamente, el carácter de los Blogs me obliga a ser algo indulgente con mi escaso público. La indulgencia no es algo inherente en mí.

Me gustaría saber quién es la persona que firma en los comentarios de mi humilde Blog como "nadie". No sé, sencillamente me parece que es una persona con la que sería bueno hablar alguna vez en la vida, si no he hablado antes con ella.

Pero bueno... c'est la vie... et la merde du fin des annes

Por lo demás, me he dado cuenta que mi paciencia es más grande de lo que creía... siento que he llegado incluso a niveles en los que cualquiera podría señalarme con el dedo, reírse y decir "¡tan güevón!".

No sé si a los monjes shintoístas les pasa... a lo mejor la paciencia nos lleva a auscultar dentro de nuestros cerebritos y nos hace más sabios. Pero esa sensación de omnisapiencia solo sirve para reiterarnos que hay mejores cosas que hacer aparte de mirarnos el ombligo. No sé si deba seguir esperando ese algo de alguien del que tanto hablo.

Mientras tanto, tres cositas breves:

1) Feliz navidad a todos los que leen este blog.

2) Aceptémoslo: todos queríamos ver esto, ¿no? De Triumph y Su Servidor para ustedes...

3) Una de mis bandas favoritas, Kirlian Camera. Si pueden conseguir una canción llamada "The Christ", van a entender por qué es una de esas cosas que me pueden arrancar lágrimas.

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