miércoles, julio 27, 2005

Antes que se me olvide:

Por lo que más quieran, de por Dios santo y bendito...

Lean el blog de mi amigüita María Inés.

Este blog es biográfico, dramático, taumatúrgico, supercalifragilísticoespiralidoso...

Y ella es adorada persona.

Gracias.

"Thank you, India..."

Gracias a quienes leen este Blog por hacerse presentes.
Esto es para mí, es un diario mal llevado...
Pero en las opiniones siempre encontraré una respuesta o una nueva pregunta.

"No time to cry..."

Odio la palabra "cucurucho".

Esto es algo que tengo que hacer público. Es verdad: detesto, aborrezco la palabra "cucurucho". Es una palabra muy larga para hablar de una figura cónica que se hace con una lámina dúctil. Ahora que lo pienso: "figura cónica que se hace con una lámina dúctil, por lo general papel, que se usa como recipiente o embudo" es una definición muy larga. Pero no es "cucurucho".

Todo comienza en la primera comunión de una prima. Para dicho ágape decidieron llevar como ameno entremés al Mago Fabrianny (¿Fabriani? ¿Fabrianni? ¿Phavryannee?). Tras una tanda de trucos con cartas, apariciones y desapariciones de papagayos, loras, aves varias y rifas de pollitos vivos (¡Por favor acaben con eso! Es cruel), El mago Fabrianny (o como se escriba...) decidió hacer una de sus proezas de prestidigitación con la ayuda del público.

Si la mano del rapsoda que escribe en el Libro de la Vida supiese advertirme con un gesto que aquél día iba a ser aciago, si hubiese sabido interpretar las nubes grises que sobre aquel remoto lugar se cernían...

Un MiniKosh (imagínenme por un segundo: Blazer azul, peinado por la lengua de un amable bovino, pantalón gris, corbata negra de cauchito, media blanca - son las únicas que tenía, por el colegio...- y unos zapatos negros de hebilla... todo un figurín) levantó su mano, ansioso de experimentar algo de magia en ese momento. Mi mirada suplicante encontró la de Fabriani (¿con una "n" o con dos?) y él, en ese tono de mago, supo decir: "¡QUE SSSSSSSUBA EL GORDITOOOOOOOOOOO!"

Paren la imprenta: Señores entertainers: NUNCA, pero NUNCA le digan "gordito" a un gordito. Bastante tenemos los que fuimos niños rollizos con la crueldad de los compañeritos.

Una versión más pequeña de mí halló su lugar en el improvisado escenario. El Mago Fabrianny (En serio: si alguien me puede sacar de este intríngulis sobre la correcta escritura del nombre, por favor, no dude en corregirme) puso en mis manos una hoja de papel periódico - El Espectador... algo decía sobre López Michelsen... - y, acto seguido...

Amo el lenguaje por sobre todas las cosas. Con él transformo mi realidad y manipulo mis recuerdos. Pero hay palabras que deberían ser borradas del vocabulario. Díganme: ¿Qué significa "descambiar un billete"? Descambiar: el prefijo "des" anula el "cambiar". Es una reiteración de lo estático. Ustedes me pasan un billete de $50, 000 y yo les devuelvo el mismo billete. "Descambiar" es la síntesis del eterno retorno nitzcheano.

Acto seguido, el mago Fabr... lo que sea, me dió la orden de hacer un cucurucho. Torpemente, con la falta de coordinación visopedicomanual de los niños que éramos troncos jugando fútbol o cualquier otro deporte, hice una figura cónica a partir de una lámina dúctil - la hoja de papel periódico - para usarla de recipiente. Un poco afanado y brusco, el señor mago don Fabrianni me hizo sostener el cucurucho cerca de mi oreja izquierda.

Nota para los infantes que leen este blog: Chinos, chinas: El Niño Dios son los papás.

Poco a poco, el cucururrecipientecónico se fue llenando de agua. Todos se reían. Para ellos, el chorro de agua manaba de mi oreja izquierda e iba llenando el cono de papel periódico. Pero no sentía la oreja húmeda. No sentía nada saliendo de mi cabeza.

¿Era descabellado pensar que... la magia es solo la puesta en escena de una ilusión lograda a través de efectos ópticos? Yo compré el Sombrero Mágico de Gustavo Lorgia con la ilusión de poder teletransportarme en el éter y llegar a la casa de Jairo Andrés Villegas - el que entonces, por proximidad y empatía entre los padres, era mi mejor amigo. Yo creía en las bondades de la magia, creía - antes de leer sobre Aleister Crowley - que a través de la magia se transforma la realidad conforme a la voluntad.

Volví a ocupar mi lugar entre el público tras esos míseros cinco minutos de fama y desilusión. Con algo de rabia, ataqué el ponqué de cobertura blanca y perdí todo interes en el espectáculo. Ni siquiera el acento irritante - chileno, pues hubo superávit de payasos chilenos en Colombia durante los años ochenta - de Tuerquita lograba espantar mi frustración con la magia.

Por eso odio la palabra cucurucho. Porque esa palabra contiene en su coraza de lámina dúctil el fin de toda la magia para mí. Por años conservé el sombrero de Gustavo Lorgia - un sombrero de copa hecho en plástico - para representar a Slash en la soledad de mi cuarto.

lunes, julio 25, 2005

"...cool kids never have the time..."

Que no se piense que he abandonado la vida bloggeril. Sencillamente estoy explorando posibilidades en myspace.

Además... nadie lee esta carajada.

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