viernes, septiembre 08, 2006

¿Cuándo dejaron de ser entretenidos los blogs?

Francamente me gustaría leer menos cursilerías y material maniaco depresivo y más estupideces que no traten de ahondar en la psique humana. Ahora resulta que todo el berraco mundo tiene un lado sensible. Hasta yo (tengo que aceptarlo) me dejé llevar por esta onda depresiva a lo Charlie Brown escuchando Emo y leyendo poesía nadaísta de Snoopy.

Antes me cagaba de la risa por horas leyendo algunos blogs. Ahora, cada vez que leo algunas entradas, me dan ganas de ir a AbNocto a tomar absenta (o Boli de limón con guaro... se ve igual en una copa), hablar de la incidencia de Lord Byron en la poesía neo-romántica, mirar mal a todo el mundo y suicidarme artísticamente (cortarme las venas el el baño y escribir "no somos nadie" en el espejo). ¿Por qué putas la gente que yo consideraba genialmente chistosa tuvo que amarionarse de esa manera?

¿Es más jodido ser feliz ahora? ¿Hay menos razones para reírse? ¿La gente ha dejado de ser ridícula? ¿Los medios son más enriquecedores ahora? No, no, no y no...

... ¿Entonces? ¿Qué es esta güevonada colectiva? "Seriousness is the last refuge of the shallow", dijo Wilde. Me adhiero a la moción.

jueves, septiembre 07, 2006

Es un hecho: el que sabe, sabe; el que no, organiza seminarios y escribe libros de autoayuda. Vivimos en un mundo que todavía se aferra a los restos de la Nueva Era. Cuando el puesto de empanadas falla, cuando un Blockbuster elimina a todos los puesticos de alquiler de películas tras una cruel competencia, cuando nadie compra boletas para la rifa de una botella de whiskey John Thomas, cuando (palabras más, palabras menos) se está jodido y llevado del putas, SIEMPRE existe la posibilidad de aprender del fracaso, sopesar lo bueno y lo malo para luego reinventarse como gurú espiritual - y, de paso, inventarse un carretazo totalmente anodino lleno de máximas esperanzadoras.

Supongamos que Dolmar Audrey (pronunciese "o-DREY", como palabra aguda) Jaramillo ha fracasado en todos los negocios que ha emprendido. Mientras veía uno de nuestros agudos y sagaces "reality shows", Dolmar decide que es excelente momento para revivir el mercado alrededor del Pibe Valderrama y llama a Dilinyer Ferney, su cuñado, para sacar las pelucas amarillas guardadas en una bodega y comenzar un nuevo y prometedor sueño.

Tras meses de lucha con los propietarios de la bodega - por años de no pagar el alquiler-, lograron sacar las pelucas. Dilinyer Ferney y Dolmar Audrey se endeudaron para rentar un modesto local en el centro de la ciudad y, desde ahí, desatar la PibeManía una vez más. Incluso, sacaron de sus bolsillos para comprar un cargamento de manillas de hilo - que, como saben todos, fueron emblemáticas del Pibe.

Pero el tiempo, como siempre, fue un enemigo. El reality había llegado a su final y, aparte de algunas anécdotas pintorescas, la gente olvidó por completo que había perdido horas, neuronas y control de esfínteres frente a la pantalla. Pero aún quedaban René Higuita y Leonel Álvarez...

Dilinyer Ferney (conocido por sus amigos como "El Diler"), resolvió invertir una parte del dinero destinado a insumos (cerveza, billetes de lotería y viandas varias) en betún negro. Si la PibeManía había perdido su oportunidad de resurrección, entonces la ReneyLeonelManía era el zenit del futuro. Meses de esfuerzo y betún transformaron los blondos mechones en oscuros tirabuzones. ¡Quién se iba a imaginar lo que ese mismo futuro cruel les deparaba!

Dolmar Audrey (a quien sus compinches y camaradas llamaban "La Pinta Esa") fue el mensajero del oscuro mensaje: René Higuita se había desprendido de sus sombríos bucles como el renacuajo se desprende de su cola para ser sapo. La oscura profecía encerrada en su nombre (René, como la archifamosa rana) había pasado inadvertida para El Diler y La Pinta Esa. Pero en tiempos desesperados y desesperanzados se forjan las ideas brillantes.

La Pinta Esa (que responde al nombre de Dolmar Audrey) y El Diler (que, para fines oficiales, firma como Dilinyer Ferney... rigor periodístico ante todo) decidieron tomar el toro por los cuernos y entrar al mercado que los estadounidenses llaman el "Novelty" y nosotros, menos cosmopolitas, conocemos como "maricaditas y pendejaditas simpáticas". El Diler y La Pinta Esa se asociaron con Omaibar Audrey (que, cuando alguien grita "¡Tocayo, tocayo!", da vuelta y responde "¡tocaya será su madre!) para adquirir un lote de cachuchas chinas con decorativos diseños de personajes que se parecen a los curiosos seres de la serie televisiva japonesa "Digimon" y llamativas letras que forman la palabra "Digiman".

Acto seguido, dedicaron valiosas horas a adherir con colbón las pelucas a las gorras a manera de ondulante coleta/greña paisa/chirrete/mullet/corte ejecutivo ("business in the front, party in the back"). Pero lo que el Tocayo Tocayo, el Diler y La Pinta Esa no sabían era que el negocio resultaba inútil, pues casi todos los habitantes del barrio ostentaban una larga y natural coleta/greña paisa/chirrete/mullet/corte ejecutivo. La comunidad, por temor a ser catalogados como "redundantes", optaron por no comprar las cachuchas de "novelty". Además, aunque maricaditas y pendejaditas, no eran simpáticas: eran incómodas, picaban, olían a betún y el matachito de Digiman palidecía en comparación a su paradigma japonés.

El Tocayo Tocayo, La Pinta Esa y El Diler, sin perder la esperanza, lo intentaron todo: Pegarle ojos a las pelucas y venderlas como decorativos perritos lanudos a los taxistas, incorporarles un largo mango de madera para venderlas como traperos (que hubiera sido una excelente solución si el betún no se desliera en el agua dejando pozos de alquitrán), adherirles ojos y orejas de cartón para venderlos como la última edición de muñecos de Digiman - parecidos a los Digimon.

Finalmente: una luz de esperanza atravesó los nubarrones de la frustración.

El Diler, el Tocayo Tocayo y La Pinta Esa ahora viven bien. Cada uno tiene un palacete en Santa Isabel, van todos los fines de mes a Panamá o a Miami y gozan de un negocio estable. Pertenecen a una organización sin ánimo de lucro conocida como La Gran Iluminación de la Conciencia Universal. Pagan sagradamente su Cuota de Colaboración Cósmica Integral, asisten a los simposios y ellos mismos transmiten el Mensaje de Liberación Holístico a la comunidad que dejaron atrás. Eso sí, para alcanzar la Gran Iluminación de la Conciencia Universal, es necesario comprar el Emancipador de la Gran Fuerza Astral. A muchos les ha cambiado la vida y les ha llenado de esperanza... aunque todavía no entienden de dónde proviene el olor a betún. Quizá el Mensaje de Liberación Holístico huela a eso... aunque debería oler a una sustancia menos noble pero más orgánica y relacionada con la liberación (así sea de toxinas).

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