viernes, enero 19, 2007

El corazón, como cualquier víscera, es desagradable. No es cálido: es tibio. A duras penas hay espacio para limpiar la sangre negra e impura. Tengo uno y me da asco. Pienso en las clases de biología en la que la profesora metía sus dedos entre cada recoveco y cavidad, empujando coágulos de aspecto menstrual y demostrando que estamos llenos de algo que hiede mil veces más que la mierda: la vida se sostiene a partir de humores y fluídos vomitivos. Los corazones son ese tipo de cosas diseñadas para cumplir una función y ya, no albergan ninguna esperanza de mejora estética, se dañan fácil, son la pieza que arruina toda la maquinaria cuando dejan de funcionar por alguna imperfección congénita.

Pero tengo uno.

Solo tengo uno y le he tomado cariño como a todos esos fetiches y trastos que los hombres acumulamos por valor sentimental y pereza. Está lleno de remiendos y huecos.

Con todo y lo asqueroso que es, con lo horrible que es, con lo falto de presencia que es, me CANSÉ de prestarlo. No entiendo para qué lo quieren, en primer lugar. Tengo dos riñones, dos pulmones, dos testículos, dos ojos... ¿Es que lo quieren solo porque vienen de a uno? ¿Es porque es de lo único que dependo para estar vivo?

Pero dejemos las alegorías...

Separemos Amor y Deseo. El Amor, de alguna forma, es una manifestación de nuestro deseo de prevalecer, de existir más allá de los confines de nuestra persona. El Deseo permite sortear en qué atmósfera queremos vivir.

¿Para qué los separo? El Corazón Figurativo es distinto del Corazón Víscera.

Volvemos a las alegorías...

Primero quiero conquistar sus mentes y sus sentidos para luego extender mi existencia a través de esa imágen mía que queda impresa en la memoria. Amo viralmente. Busco destruír cualquier resistencia. Eso es conquista. Soy una enfermedad que se ha cultivado en la estéril respuesta de un mundo.

Pero el Corazón de mierda, ese malparido tumor palpitante, se opone. Lucha. Busca doblegarme, me obliga sonreir cuando quiero matar, me obliga a hacer reverencias cuando mi cuerpo entero pide alivio a una lujuria febril, me obliga a bajar la cabeza y acepta las mansas caricias cuando el espacio entre mis células pide a gritos un cuerpo (para devorarlo, para follarlo, para hacerlo sangrar). El Lobo Estepario era millones de arquetipos superpuestos, pero ingénuamente quiso ser hombre y lobo. Soy un virus que se devora a sí mismo. Y todo por culpa del corazón. Corazón delator que retumba cuando estoy a punto de inocular mi veneno, corazón que se retuerce. El cascabel del gato, las latas amarradas en los tobillos de Abaddon, la séptima plaga cuyo pie cae en un cubo lleno de sangre de hecatombe.

Por su bien, es mejor que yo conserve mi corazón. El día que lo pierda, es el fin de la Humanidad. La mía. Y al dejar de ser humano seré una enfermedad.

Dulces Sueños.

Y.I.S.

Rev. Jakob Koshkat

lunes, enero 15, 2007

No estoy listo,
Pero las vibraciones ténues de luz se vuelven música,
la música se vuelve la mano en la que dejé un beso
y aquí estoy. Con miedo.

No estoy bien.
Tantas mañanas diciéndome a mí mismo que no existo,
tantas mañanas esperando a que el mundo se olvidara de mí,
pero aquí estoy. Frío.

Lo que no encontré
pudo haber estado en el espacio entre el aire y tú.
Pero ya no busco. No espero.
Es volver al mismo lugar en el que nada me conmueve.

Seguí buscando una sola palabra,
una caricia en código Morse,
en la irregularidad Braille de la piel.
Y solo siento frío.

Ya no importa.

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